Redacción cine: Miguel Jiménez
Algunas películas, pese a arrastrar lastres considerables, consiguen levantar el vuelo gracias a las virtudes restantes y llegan a buen puerto contra todo pronóstico y pese a las dificultades iniciales. En ese sentido, "Las chicas de la sexta planta" de Philippe Le Guay combate sus defectos con sus propios aciertos, y sale victoriosa. Es una película notable.
Así, si el tono complaciente de su trama, el abuso de los tópicos y los clichés (¡qué marchosos somos los españoles!, ¡qué insensibles son las mujeres pudientes!) y la abundante presencia de personajes planos (Dueñas y Maura necesitan más papel, lo piden a gritos) parece a punto de enturbiarlo todo al principio, el filme remonta poco a poco apoyándose en el soberbio trabajo de sus actores, en la complicidad que desgranan sus historias secundarias y en un guión que seduce y engancha a trompicones con un final de esos que alegran a uno la tarde.
Aunque Carmen Maura se hizo con el premio César a la mejor actriz de reparto, en realidad son Natalia Verbeke y Fabrice Luchini quienes llevan sobre sus hombros el peso de una historia de amor entre señor y criada que recuerda en su línea narrativa a la reciente "The help (Criadas y señoras)" de Tate Taylor. Verbeke y Luchini están geniales en sus interpretaciones y logran lo que parece, a primera vista, todo un milagro: que haya auténtica química entre ellos, tan diferentes. Pero así es, y basta ver esa escena en la que la española le enseña a pronunciar la jota a su amo para comprobarlo.
En el programa "Días de cine" de TVE alertaban al hablar de "Las chicas de la sexta planta" de la importancia de que su visionado se realizara en versión original. Tiene razón. No se trata de una recomendación, es una necesidad. En el doblaje no sólo se pierden juegos de palabras y elementos cómicos que surgen al combinar ambos idiomas (el francés y el español), también se mancilla torpemente el propio espíritu del filme.
En definitiva, "Las chicas de la sexta planta" es una buena opción si quieren pasar un rato agradable en el cine. Es entretenida, humana y a cualquier español le provocará cierto alivio pensar que en el "vecino del norte" mucha gente admira y/o envidia la forma de ser de los españoles. Ya que normalmente se trata de un sentimiento que suele darse en sentido contrario.











